ceret 2000

FondamenToros

par « El Kallista » Jacques Lanfranchi

 

Samedi 30 septembre, la technique nous a permis ce »multiplex » Séville - Madrid démontre que la Tauromachie n'est ni un sport, ni un spectacle...mais bien plus.

Le vivre des deux grandes portes dit le coté positif de cet événement.

La Madrilène est le point d'orgue d'une carrière poderosa, comme la muleta de Julian Lopez « El Juli ».

La Maestrante , première pour un torero « francès », Sébastien Castella, la figura del toreo est sur le chemin du torero d'époque.

 

Tout commence avec le toro, tout finit par le toro, d'où le titre de cet article et le magnifique texte de Manuel Francisco Molès Uso-1991.

 

Conocer al toro.

Voy a confesar una cosa. Yo tardé siete años, mil tardes en las plazas, seis mil toros arrastrados, en descubrir, en su plenitud, el único gran secreto de la Fiesta: el toro.

No es fácil, pero es vital. Cuando conoces al toro, cuando lo entiendes, cuando sigues, adivinas, comprendes sus reacciones, sus virtudes y sus defectos, entras en otra galaxia, en la única válida para asimilarlo todo. A partir de ahí, ya no hay espectáculo baldío, ya no te aburres jamás. Por eso, lo más importante es que empecemos desde el principio, que haya toro. Después vendrá todo lo demás...

Debe hacerse un planteamineto diáfano, rotundo, necesario, porque no hay otro punto de partida. Al toro hay que verlo como el argumento, el guion, el libreto de esta gran representación que llamamos lidia; al torero, como al gran intérprete, y a los subalternos, como los actores complementarios, que no secundarios, porque no lo son, sino suplementarios del "primer actor" en el desarrollo de la lidia.

Si el toro es el núcleo, lo que importa es que no haya excesiva uniformidad en el ganado. Esa división interesada y vaga de tantos taurinos que separan al toro, por su condición, en dos grupos diferenciados, es terrible y banal. Dicen: "Los que sirven" y "los que no sirven". De momento, el término "servir" es humillante para el toro, y, segundo, entre esos astados a los que dicen "que no sirven", encontraremos al ganado con más variedad en su argumento y con más interés para el aficionado y el buen lidiador.

Por tanto, el toro, que siempre pide y ofrece cosas a su matador, es bueno que sea "desigual" en sus premisas de embestidas.

El toro va marcando desde su salida sus preferencias, sus terrenos, sus distancias, sus querencias, su fijeza, su prontitud, su nobleza o todo lo contrario, o una mezcla de virtudes y defectos. Lo ha de ver el torero y lo ha de captar el aficionado, puesto que de ahí depende todo y el taurófilo sabrá si el torero está por encima, por debajo o a tenor de las condiciones del toro. Sólo así podrá juzgarse si ha ganado, si ha perdido o han empatado, o si merece el premio, la censura o el silencio.

No debe olvidarse nunca que el toro marca el destino de la lidia, que él es la primera base argumental...

Primer tercio, han matado el planteamiento.

Cómo conocer al toro en todos sus perfiles no es fácil, pero nos lo ponen, encima, casi imposible.

La Fiesta, en su integridad, es perfecta; la lidia, en su puridad, exacta, pero la evolución nos ha ido podando ramas y troncos necesarios para perdernos en el ramaje de la modernidad.

Aquí está todo bien inventado. En los últimos años, lo que estamos haciendo es destruir un edificio sólido y lógico.

La gran revolución negativa de la fiesta en el último medio siglo no es otra cosa que haber matado el primer tercio en "beneficio" de un alargamiento, sin sentido, del último tercio.

Un sólo encuentro nada aclara. Sólo es patente la sensación de que el toro sufre un trauma inmenso y de que aquello es antiestético, antitaurino y anticonveniente.

¿Por qué tres varas? No es por cabezonería ni por apuntarse a un número. Tres es una referencia razonable. Excepcionalmente, podrá quedarse en dos o aumentar a cuatro, lo que fuera más adecuado. Por tanto, tres son necesarias para advertir lo restante.

En la segunda, cuando el toro sabe ya "a qué va y donde va", es el momento en que empieza a mostrar sus defectos y sus virtudes además de su casta. Ahí vemos -y hay que tomar nota de ello- si es bravo o manso; también si es tardo o pronto, si aprieta para adentro, si empuja con un pitón o con los dos, si humilla, si es fijo, si acomente con la cara alta, si puntea, etc. Luego, en el quite, comprobaríamos si ha "roto" a mejor o a peor, según los datos ofrecidos. Y será en la tercera vara donde el toro, definida su condición, insista en sus defectos o en sus virtudes, demuestre lo que ha corregido y aclare su porcentaje de casta o mansedumbre. Ahí le vemos venirse arriba en su bravura o "cantar la gallina" de su falta de casta. En el nuevo quite tomaremos nota de los últimos, y ya muy perfilados, datos de su condición.

Pero todo esto, que es bello y necesario para entender de toros y valorar lo que sucede en el ruedo, es, hoy por hoy, una quimera, un imposible, por que han matado el primer tercio y con ese caballo percherón, poco taurino, nada estético... no hay nada que hacer. Por si faltaba algo, está el peto, horrible y claudicante, con ese faldón que impide al toro romanear, meter la cabeza, levantar al caballo, ganar la partida algunas veces, sentirse vencedor y no eterno perdedor...

Del libro: La fiesta va por dentro.

Espasa Calpe. 1991

Autor: Manuel Francisco Molés Usó.

Colección La Tauromaquia. 42.

Fotografías de los picadores a modo ilustrativo. Desconozco el autor o autores.